martes, 29 de enero de 2013

La Astrología en la cultura Celta

 

Astrología-Celta

En todas las culturas y tiempos encontramos un rasgo común: la búsqueda humana de descifrar el misterio. En esta búsqueda ineludible, cada cultura, cada época, ha interpretado lo que lograba percibir del “misterio” utilizando las estructuras mentales o paradigmas que le resultaban accesibles. El simbolismo, o el uso de lenguajes simbólicos como herramientas para la interpretación y comprensión de los fenómenos, nace del anhelo de clasificar y abstraer las cosas.

Si bien cada cultura definió sus propios símbolos y lenguajes, en todas encontramos una base única, un núcleo: los cielos y la tierra y la relación entre ellos que daba origen a los cambios estacionales y a las distintas manifestaciones de la vida. El conocimiento de los astros, sus posiciones, efectos y movimientos evolucionó de referencia a ser una guía para los pastores en sus traslados y para los agricultores en sus cultivos. De esta guía surgieron los primitivos calendarios, casi todos ellos lunares y agrícolas.

Tiempo (cielo) y Espacio (tierra) son dos parámetros básicos donde se asienta nuestra existencia. Es en ellos y entre ellos, donde el ritmo, la cualidad, los procesos, el equilibrio o su falta, se manifiestan. Todo lo creado responde de modo instintivo a estos movimientos de permanente mutación. Cuando el ser humano dio un paso más allá de su ser instintivo y quiso conquistar su entorno, perdió su conexión con la totalidad, ya no se supo parte, se creyó centro o dueño y entonces necesitó prever. El tiempo y el espacio cobraron otra dimensión y las mutaciones se experimentaron como hitos vitales que demandaban ser previstos, conocidos y explicados. El reconocimiento de los procesos naturales dio paso al descubrimiento de las analogías (o similitudes) y las diferencias entre lo físico y lo psíquico. Ya no bastaba el calendario, se hacía necesario el símbolo. Nacen así los distintos lenguajes Sagrados (o simbólicos) con los cuáles tratamos de decodificar el eterno misterio y entre estos lenguajes se encuentran los distintos zodíacos

Cuando hablamos de Astrología estamos habituados a pensar en el zodíaco celeste y no en un zodíaco arbóreo. A diferencia de los Babilónicos que fijando su mirada en el cielo trazaron el lenguaje de los astros, los celtas trajeron el cielo a la tierra y en ella los astros se reflejaron en árboles. Por ello unieron su calendario con el alfabeto de los árboles, y es a esta unión a la que se denomina Astrología Celta. Vemos así que no responde al zodíaco al que estamos habituados que es el occidental (aunque es posible establecer analogías con él), ni utiliza los planetas, trazando sin embargo un mapa que descifra la naturaleza intrínseca visible y oculta del objeto estudiado.

Este mapa arbóreo puede superponerse a la carta natal de la astrología occidental obteniéndose lo que denomino: una visión lunar de la información solar. En otras palabras mientras la rueda basada en el movimiento de la luna nos habla de la esencia femenina (pasiva, receptiva, mágica), la rueda solar nos muestra la esencia masculina (activa, penetrante, consciente).

Volviendo a la astrología celta sería necesario explicar la concepción de la existencia que tenían estos pueblos, para comprender sus símbolos y atributos, lo que implicaría una nota demasiado extensa, por eso sintetizaré esta concepción en ciertos rasgos destacados que diferencia su pensamiento del occidental al que estamos habituados.

Para los celtas (como para muchas otras culturas) el árbol era la representación del Eje del Mundo, pero también lo era del potencial humano. No solo los bosques (árboles) eran objetos de veneración y respeto ante sus ojos, también lo eran las fuentes, las montañas, las plantas, pues todas tenían para ellos su propia alma y dicha alma poseía sus particulares y únicas características. Odín su Dios Supremo había dado vida al hombre y a la mujer a partir de árboles, y en el Ygdrassill, el árbol Eje del Mundo (árbol mítico) era donde habitaban tantos los dioses del cielo como los del mundo subterráneo.

Creían que la vida comenzaba en la oscuridad (fecundación -invierno-mundo subterráneo) a diferencia de la concepción occidental que considera que la vida comienza en la luz (nacimiento - Primavera - cielo).

Y en tercer lugar además de venerar a la naturaleza (eran expertos en plantas y en sus utilidades, grandes herboristas y sanadores, sus estudios e investigaciones poseen un valor inestimable.), otorgaban un alto rango de importancia a la Palabra. (los sonidos y su utilización). De estos dos aspectos nació el alfabeto de los árboles: Beth Luis Nion posteriormente llamado: Boibel-Loth, cuando se le agregaron tres consonantes: Q , SS e Y

Sonido y vegetación eran entonces claves en su paradigma, paradigma que implicaba una sintonización y armonización entre el ser humano y el cosmos. Es natural que en ellos hayan resumido todo su conocimiento y a ellos recurrieran para comprender, explicar y definir su mundo. Es de destacar sin embargo que conocían a la perfección la mecánica celeste, prueba de ello son las grandes construcciones astronómicas como Stonehenge y las innumeras referencias a las constelaciones en sus sagas.

Los Druidas conformaban la casta sacerdotal que regía sobre los celtas. Sabios, magos, curanderos, poetas, maestros, jueces, cantores y astrónomos, transmitían su ciencia de forma oral pues creían que la palabra escrita se pervertía con facilidad. El nombre DRUIDA significa: Experto en roble y el Roble es símbolo de fortaleza espiritual, sabiduría y trascendencia. Podríamos decir que en estos atributos eran expertos.

En el sistema astrológico de los celtas la tierra conocía como. Buarth Beirdd (coto bovino) y su símbolo era una vaca blanca mientras que el símbolo del Sol (potencia fecundadora) era el toro blanco.

Dividían la esfera en dos mitades, atribuyendo la esfera al caldero de Ceridwen (la diosa Lunar) y la línea equinoccial (horizontal) que dividía la esfera al Sol, adjudicándose a Taliesin (el hijo solar = Día) el semicírculo superior y a Avagddu (el hijo lunar = noche) el semicírculo inferior. Esta concepción del tiempo como una dimensión ilimitada de sucesivas entradas y salidas, donde solo existen portales para el ingreso y egreso a y de la tierra de las emanaciones divinas, es una de las características fundamentales del pensamiento celta. La luna era para ellos el centro espiritual y el ciclo solar la fuerza regeneradora.

Basados en la esta relación Solilunar los celtas dividieron el año en cinco fases o Estaciones, cada una de setenta y dos días, más cinco días extras denominados “días Oscuros o Áridos” interrumpidos por los llamados “nueve Días Grandes”, cada uno de los cuales se festejaba con un festival.

Dentro de este esquema de cinco estaciones se trazaba los denominados “Trece Ritmos, o Ritmo de trece segmentos” en el que un árbol rige cada mes y el decimotercero rige las llamadas “Noches áridas”. Dividían pues el ciclo solar en doce meses de veintiocho días, más un día extra en la mitad del invierno. Cada mes y cada día correspondía a un árbol y a su vez estaba asociado a una letra, una piedra, un color, un aroma, y una substancia

ASTRO CELTA

Es importante aclarar que para analizar las características del objeto que nos interesa (sea situación o persona) no solo debemos tomar el árbol que rige el día de nacimiento que señala los aspectos concretos de nuestra vida cotidiana y se relaciona con lo visible (el tronco), sino que han de tomarse en relación los dos árboles asociados con él, que representan respectivamente al aspecto druídico/espiri­tual , voluntad y posibilidades de evolución (la copa) y la faceta guerre­ra/real posibilidad de reaccionar frente a los obstáculos (la raíz)

Hay mucho más para decir pero baste esto como introducción y clarificación.

© Ana Cuevas Unamuno

Para saber más pueden ver acá

 

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