miércoles, 21 de marzo de 2012

LA POLARIDAD DE LA REALIDAD

 

Capitulo del libro: Vida y destino humano del autor Thorwald Dethlefsen

impacto planetahumano

La proyección de la culpa

Este problema tiene una trascendencia inabarcable. La humani­dad ha adquirido la costumbre de buscar disculpas en el mundo exterior para todo lo que no debería ser. La escala de los culpables abarca desde los miembros de la familia hasta el gobierno, desde las circunstancias de la época hasta la sociedad misma y es a esos culpables a quienes el individuo quiere cargar la responsabilidad de su propio destino. Esta proyección de la culpa se ha sublimado hasta hacerse una ciencia que, bajo el título de psicología y socio­logía, sanciona este error colectivo.

Todos hablan de cómo los factores del mundo exterior influen­cian y marcan al hombre. El psicoanálisis y el "grito primordial" buscan las causas de una perturbación neurótica en la infancia, en la educación y en situaciones traumáticas entre padres e hijos. Ya falta poco para que se acepten oficialmente en la psicoterapia los métodos de regresión y entonces se creerá encontrar de repente las causas en las vivencias prenatales.

Por diferentes que sean los muchos métodos y teorías de trata­miento, todos tienen algo en común: siempre se buscan las causas de una situación o de una perturbación en el mundo exterior. Si uno hace que un individuo nos informe sobre su destino, indicará para cada situación y simultáneamente, cuales son las circunstan­cias y las personas culpables de la misma.

Será muy difícil eliminar el cuento de hadas de la influencia del mundo exterior en esta era de abundancia de sociólogos. Por­que toda teoría que permite la proyección de las culpas contará siempre con toda seguridad con una mayoría absoluta. Lo que ofrece el esoterismo en cuanto a este problema, es mucho menos gustoso y práctico, pero como contraprestación le muestra al indi­viduo cómo puede cambiar realmente su destino, le muestra un ca­mino para salir de la enfermedad, cumpliendo así lo que todos los. demás solamente pueden prometer.

No hay influencias exteriores que forman al individuo, no es la educación la que forma al hombre ulterior, no hay culpables del destinó del individuo. No hay bacterias ni virus que produzcan en­fermedades. Todos los que creen tener pruebas exactas de lo que acabo de negar, se equivocan en un punto: todo lo que se conside­ra como pruebas, se apoya en realidad sobre observaciones de rela­ciones, que son sólo correlaciones. Estas dicen por ejemplo que al parecer en cierta enfermedad infecciosa, siempre se encuentra pre­sente cierto virus, o que en la vida de un delincuente juvenil las relacio­nes familiares presentan ciertas características, que tras una cierta perturbación neurótica siempre se hallan problemas con la madre. Estas correlaciones todavía son ciertas porque anuncian solamente que cada vez que se manifiesta una cosa, también se manifiesta la otra.

Aquí surge el paso siguiente tan favorito de la ciencia que nada tiene de "científico": la interpretación de todo esto como causali­dad. De la observación "siempre cuando entonces también" se pasa furtivamente a un "a causa de esto también lo otro". Pero es justamente esta transformación de los resultados la que ya no es correcta. No se niega que en cierta enfermedad se hallen al mismo tiempo ciertos virus, pero la fe resultante de ello, de que estos vi­rus sean la causa de la enfermedad, hará reír a las generaciones venideras tan cordialmente como nosotros nos reímos de la teoría de que la tierra es un disco. Así que no es tan fácil negar nuestra afirmación de que no existe ninguna influencia del mundo exterior.

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