lunes, 23 de mayo de 2011

LA ATLANTIDA: Enigma del universo

 

¿HA SIDO LOCALIZADA LA MÍSTICA ATLANTIDA?

Por Rupert Furneaux.

AtlantidaCroquis

 

¡Sumergida en sólo un día y una noche! ¡Un enorme continente hundido bajo el mar! ¡Su población aniquilada en un instante! Qué estímulo para la imaginación, incluso para la fantasía pura. Sin duda, la famosa leyenda de la Atlántida ha creado un misterio que innumerables personas han tratado de resolver.

El filósofo griego Platón, que narrara la historia, dijo que la Atlántida estaba fuera del Mediterráneo, más allá de los Pilares de Hércules, como se llamaba la entrada al Atlántico hacia el año 345 a.C., época en que él escribió. Pero la moderna investigación geológica ha demostrado que ningún gran continente pudo haber existido y luego haberse sumergido en medio del Atlántico dentro de los límites de la memoria humana.

Entonces, ¿fabulaba Platón? O según afirmaba enfáticamente, ¿registraba la historia, confusa y mal recordada, como tal vez fuese el caso? Daba como fuente de su información a su antecesor, Solón, quien había visitado Egipto en el año 590 a.C. Los sacerdotes lo habían instruido en la historia antigua. Después de la muerte de Platón, el editor de sus obras, Crantor, hizo averiguaciones en Egipto a las que los sacerdotes contestaron que los registros del continente perdido aún existían "sobre pilares". Platón utilizó las notas de Solón para componer dos diálogos.

En Timeo, el más breve de los dos, Platón describió la isla o las islas de la Atlántida como de una dimensión igual a Nubia (se refería al norte de África, al Oeste de Egipto) y Asia Menor juntas. Su rey había fundado un magnífico imperio, que extendió hacia el Mediterráneo occidental. Luego se produjeron terribles terremotos e inundaciones. La Atlántida se hundió bajo el mar. Eso había ocurrido 9.000 años antes de la época de Solón.

Platón dio mayores detalles en su obra Critias. La metrópoli del imperio había sido construida en una pequeña isla circular de costas escarpadas. El palacio real, edificado en una isla más grande, era una "maravilla para contemplar por su tamaño y su belleza". Estaba provisto de baños fríos y calientes. El templo, consagrado a Poseidón, resplandecía de plata y oro. Cada cuatro o cinco años los reyes se reunían para aplicar las leyes y para cazar y sacrificar toros. Con el transcurso del tiempo se volvieron ambiciosos y tiránicos, por lo que Zeus planeó su destrucción. Antes de que esto ocurriera, un ejército ateniense que había ido a combatir a los habitantes de la Atlántida había sido destruido por una calamidad natural. Los nativos de la Atlántida habían estado considerando la posibilidad de hacer la guerra contra Atenas y Egipto.

La Atlántida era un estado altamente organizado, una tierra de consciente amenidad, holganza, buena arquitectura, arte resplandeciente, servicios públicos abundantes. Una sociedad de la Era de Bronce alfabetizada, guerrera, que planeaba la conquista de Egipto y Atenas. Ningún estado como este había existido 9.000 años antes de la época de Solón. Los sacerdotes informantes, o Solón mismo, habían confundido la fecha y hacían ocurrir el desastre milenios en lugar de siglos antes de 590 a. C. Novecientos años es una estimación mucho más realista. Ella dataría la destrucción de la Atlántida hacia el año 1500 a. C. Si bien aún no era una ciudad griega, Atenas existía. Egipto se hallaba en la cúspide de su potencia.

Entonces, ¿dónde estaba la Atlántida? No se hallaba muy lejos de Grecia y de Atenas, ya que sus habitantes contemplaban la posibilidad de la conquista y un ejército ateniense partió hacia ese continente para contrarrestar los planes bélicos.

La Atlántida ha sido ubicada en muchos lugares:

México, Asia Central, el Sahara, España, Groenlandia, Terranova e incluso Gran Bretaña.

En su libro Camelot and The Vision of Albion (Heinemann, 1971), Geoffrey Ashe ha presentado el caso para Gran Bretaña, la tierra de los "hiperbóreos" según los griegos de la época de Platón. Poseía, según el escritor Hecateo de Abdera del siglo V a.C., un singular templo, el magnífico altar de Apolo -posiblemente Stonehenge- y estaba habitada por "la raza de hombres más perfecta y noble que viviera nunca". Britania era una isla del Atlántico, una de las muchas desde las cuales era posible pasar al continente opuesto que rodeaba al océano, como Platón ha descrito a la Atlántida. Sus detalles topográficos parecían corresponder a la ruta marina septentrional a América vía Islandia, Groenlandia y Terranova. Ashe no sugiere que Britania llegara a sumergirse, sino que después de considerable contacto con el Egeo hacia la época en que se construía Stonehenge, se perdió de vista, devorada por las brumas del norte, y fue olvidada. Platón utilizó la romántica historia de la gloria perdida de Britania para describir su estado ideal. Sin embargo, Ashe admite que las teorías cretenses son las predominantes.

Y quizá más persuasivas. ¿Puede reconocerse a la Creta de Minos como el asiento del imperio de la Atlántida y al volcán Thera como causa de su declinación? Esa posibilidad fue sugerida por primera vez en 1907 por el estudioso británico K. T. Frost. Las excavaciones de sir Arthur Evans, en Knossos, en la década de 1920 y el desciframiento del escrito Lineal B por parte de Michael Ventris y J. Chadwick, en 1960, han demostrado que la civilización minoica de Creta se derrumbó repentinamente en el punto más alto de su potencia y sin ninguna razón aparente hacia el año 1500 a. C. Significativamente, el volcán Thera que está a ciento cinco kilómetros al norte de Creta tuvo una erupción catastrófica en esa época.

El profesor Spyridion Marinatos, jefe del Servicio Arqueológico Griego, irúció en 1939 sus investigaciones para vincular la erupción del Thera con el fin de la Atlántida. Otros científicos han colaborado en ese estudio, en especial los geólogos norteamericanos B. C. Heenen y el doctor Ninkovitch, quienes han retirado núcleos de sedimentos que contenían ceniza volcánica del fondo del Mediterráneo oriental, y también el profesor A. G. Galanopoulos, director del Instituto Sismológico de la Universidad de Atenas. Sus contribuciones fueron resumidas por el profesor J.V. Luce, un especialista en Platón y en estudios clásicos, en su libro The End Of Atianús (Thames and Hudson, 1969).

Según esa teoría, Creta fue hundida por una ola enorme causada por la erupción catastrófica del Thera. La fertilidad de su suelo se arruinó con los pesados depósitos de ceniza y pumita. La historia del desastre fue llevada por refugiados a Egipto donde, 900 años más tarde, fue narrada de manera poco exacta a Solón. Él tradujo el nombre egipcio de Keftui para Creta como Atlántida, derivado de la descripción de esa isla montañosa como "la tierra del pilar", sostenida en el cielo por el giga~te Titán, Atlas. Ignaro de que la historia se refería a Creta, Platón ubicó a la Atlántida fuera del Mediterráneo, en el océano cuyo nombre también deriva de Atlas, en la creencia de que ninguna potencia mediterránea había sido tan fuerte como para amenazar a Atenas y a Egipto.

Para probar esta teoría, hay tres preguntas que requieren respuesta. ¿Cuál fue la intensidad de la erupción del Thera? ¿Qué evidencia existe de que Creta sufriera un desastre volcánico? ¿Qué paralelos existen entre las civilizaciones de la Creta minoica y la Atlántida de Platón?

Antes de la erupción catastrófica en el siglo XV a. C. que hundió la isla, Thera, o Santorin, como ahora se lo llama, era una isla de 16 kilómetros de diámetro con un cono volcánico de 1.600 metros de altura. Su erupción pudo haber sido la mayor y más destructiva de la historia, ya que habría superado al famoso estallido de Krakatoa en 1883. Mientras la isla de Krakatoa, en el estrecho de Sunda, entre Sumatra y Java, perdió 22 kilómetros cuadrados, como lo demuestra el tamaño de su caldera, Thera debió perder una cantidad cuatro veces mayor de material, porque su caldera comprende 83 kilómetros cuadrados. Una caldera es el hueco que se forma por el derrumbe de la cámara de magma cuando cuando esta se ha agotado por la erupción. El aplastamiento forma una gran cavidad en la que entra el agua del mar y sale despedida con violencia explosiva.

En el caso de Krakatoa, la ola originada por la explosión se abatió a través del estrecho y se elevó a una altura de 36 metros, sumergiendo pueblos y aldeas y ahogando a muchas de las 36.000 víctimas del desastre. Tuvo repercusión en todo el mundo y elevó el nivel del Canal de la Mancha en 5 centímetros. La pumita arrojada, producto característico del magma explosivo, cubrió Sumatra y Java y formó islas flotantes en el mar. La ceniza dio origen a una nube de polvo que sumió los estrechos en la oscuridad por tres días y se difundió por

el mundo, permaneciendo en la atmósfera durante dos años, con lo que causó cambios climáticos. El "gran estallido" de Krakatoa se oyó a 4.800 kilómetros a través del océano Índico. En 1815 otro volcán javanés, el Tambora, depositó pumita y ceniza que destruyó la fertilidad de la tierra y causó la muerte de 80.000 personas por inanición y enfermedad.

El derrumbe del Thera pudo haber sido aun más gigante y sus efectos mucho mayores y más difundidos. Las excavaciones en Thera sugieren que la isla sufrió el desastre en dos etapas. Primero se hundió debajo de enormes cantidades de pumita y ceniza volcánica. Las deyecciones del volcán destruyeron las casas de los habitantes, que se ajustaban a la arquitectura minoica y contenían cerámicas y frescos típicos. La remoción de 20 metros de pumita ha revelado una Pompeya de la Era de Bronce, una civilización también congelada en el tiempo, pero sin los cuerpos. Ni esqueletos ni tesoros personales se han hallado en los niveles más profundos. Su ausencia sugiere que la gente de Thera, advertida por la actividad del volcán, tuvo tiempo de huir. Ellos probablemente buscaron refugio en Creta, de la que Thera era un puesto de avanzada o colonia.

Thera alcanzó su punto de mayor importancia entre los años 1500 y 1470 AC, período indicado por la cerámica y la determinación por carbono de la antigúedad de maderos recuperados de los edificios arruinados. El antiguo volcán, una vez agotado su magma, voló su parte superior. Explotó en violento paroxismo, sumiendo al Mediterráneo oriental en la oscuridad, con un estallido que se oyó probablemente de uno al otro extremo de ese mar. Originó una onda sísmica, un gigantesco tsunarni, como se llaman ahora esas ondas. Elevándose a una prodigiosa altura, tal vez de varias decenas de metros, atravesó el mar intermedio y golpeó e inundó la costa de Creta.

La investigación arqueológica ha demostrado que cada puerto y cada pueblo y palacio de la parte oriental de Creta se vieron repentinamente destruidos y nunca fueron reconstruidos. Sólo se salvó Knossos, la capital, dada su ubicación a unos 5 kilómetros tierra adentro, protegida por una cadena de sierras poco elevadas. La pumita y la ceniza inundaron los campos y destruyeron su fertilidad.

En Amnisos, el puerto de Knossos en la costa norte, el profesor Marinatos halló evidencia de una ola enorme. Los edificios habían quedado reducidos a sus cimientos, la pumita llevada por el mar había entrado en todas las hendeduras. Las paredes de la llamada Villa de los Frescos se habían derrumbado hacia adentro, presionadas por grandes masas de agua que retrocedían. Los otros puertos y pueblos que se han excavado hasta el presente brindan la misma evidencia de destrucción repentina por agua o lluvias de ceniza. El desfiladero de caliza, además de la base naval de Kato Zakro, ha conservado su antiguo nombre de Valle de los Muertos.

Antes del 1500 a.C. la Creta minoica había dominado el Mediterráneo oriental. Tan poderosa era su flota que no se habían construido obras de fortificación en tierra. Ningún estado era capaz de desafiar su supremacía marina. Luego, casi de la noche a la mañana, Creta se derrumbó. Desprovista de su protección naval, con su fértil suelo que repentinamente pasó a ser improductivo, se convirtió en fácil víctima para los invasores micénicos de Grecia.

Los minoicos, antes poderosos, habían sucumbido a una calamidad natural. Ninguna otra conclusión parece posible.

El profesor Luce ha derivado evidencias de antiguos mitos y leyendas para demostrar cómo se difundió el desastre causado por el Thera. Los poemas griegos mencionan la repentina despoblación de Creta. Herodoto afirmó que Creta había desaparecido en un período anterior a la guerra de Troya, es decir, antes del 1400 a.C. La leyenda de la inundación de Deucalión, fechada en el Mármol Pariano hacia 1529 a.C., sugiere que la parte continental de Grecia se inundó, como ocurrió con muchas islas del Egeo. Plutarco registra que en la isla Lycia, Poseidón envió "una ola que se elevó e inundó la tierra". Rodas sufrió una severa inundación que causó grandes pérdidas de vidas. Siglos más tarde los samotracios aún sacrificaban en altares que habían sido erigidos en círculo alrededor de la isla para marcar la línea de una gran inundación del mar. Incluso los famosos argonautas fueron perjudicados por las consecuencias del desastre. Navegaban Jasón y sus hombres por las cercanías de Creta cuando se vieron rodeados por una horrible oscuridad y bombardeados con fragmentos de piedra.

Los textos egipcios no proporcionan ninguna información precisa, probablemente debido al disgusto de los egipcios por la historia concreta. Sin embargo, el Papiro Ipuwer indica que el comercio con Creta se interrumpió repentinamente hacia la época de la erupción del Thera. Este silencio egipcio parece extraño, porque la violencia eruptiva del Thera debió sentirse aun a la distancia de 1.000 kilómetros. Se ha hallado polvo volcánico en núcleos extraídos del fondo marino cerca de Egipto. Vanos investigadores han atribuido las diez plagas de Egipto, el cruce de los israelitas del Mar del Pasaje y el pilar de fuego de noche y el pilar de nube de día a la erupción del Thera. Pero una fecha apr9ximada a 1470 a.C. parece demasiado temprana para el Éxodo.

La pregunta vital aún debe responderse. ¿Era Creta la Atlántida? Los paralelos son notables. Ambas civilizaciones isleñas desaparecieron de repente como resultado de una calamidad natural.

La Atlántida, según Platón, estaba gobernada por un sistema monárquico y de clases. Sus mujeres gozaban de alta consideración, su pueblo era alfabetizado, vivía con comodidad, tenía capacidad para la ingeniería, disfrutaba del confort de los baños calientes y fríos y cazaba regularmente toros, los que llevaban al templo. Las islas estaban protegidas por costas acantiladas: una era pequeña y redonda y la otra grande y rectangular.

Antes de su erupción, la isla del Thera era pequeña y redonda, posiblemente la legendaria metrópoli. Creta es larga y delgada, montañosa, con una gran planicie central en la que estaba ubicado Knossos, el palacio real. El rey Minos gobernaba más de cien pueblos. Cada cinco años, como en la Atlántida, sus gobernadores se reunían para aplicar las leyes y cazar toros que vagaban por el templo. La leyenda dice que el ateniense Teseo fue a Knossos para liberar a su pueblo del tributo exigido por Creta. Se lo obligó a luchar con el legendario Minotauro, mitad hombre y mitad toro. Los frescos lo representan arrastrando al toro muerto para sacarlo del laberinto.

Las excavaciones de sir Arthur Evans en Knossos descubrieron una cultura sofisticada, la civilización más altamente avanzada del mundo antiguo, espléndida en arquitectura, rica en arte, elegante, de vida cómoda, pero centralmente organizada bajo una monarquía, con un código de leyes que le daban igual condición a las mujeres y dividíais las clases sociales Los surtidores proporcionaban agua caliente para los baños, agua fría para los lavatorios colocados en las paredes del palacio. Un sistema de irrigación extensiva aseguraba la fertilidad del suelo. La alfarería, las tinajas, las armas y los frescos minoicos se exhiben en el Museo Herakleion.

De los paralelos entre Creta y la Atlántida, en 1913 K. T. Frost dijo, mucho antes de que se compararan las dos civilizaciones: "Toda la descripción que de la Atlántida se da en Timeo y Critias tiene características tan perfectamente minoicas que ni siquiera Platón pudo haber inventado tantos hechos insospechados". El relato de Platón acerca de la isla que regía un grande y magnífico imperio precisamente describía el "nivel político de Knossos".

A continuación citamos un fragmento del artículo de Frost "The Critias and Minoan Crete", aparecido en el Journal of Hellenic Studies 33 de 1913, páginas 189-206: "El gran puerto, por ejemplo, con sus buques y sus comerciantes venidos de todas partes; las elaboradas salas de baño, el estadio y el solemne sacrificio del toro son todas cosas profundas, aunque no exclusivamente minoicas. Pero cuando leemos cómo el toro es cazado en el templo de Poseidón sin~ armas, pero con varillas y lazos corredizos, tenemos una inequívoca descripción del redondel de Knossos, aquello que más sorprendía a los extranjeros y que dio origen a la leyenda del Minotauro. Las palabras de Platón describen con exactitud las escenas de las famosas copas de Vapheio, que ciertamente representan la caza de toros salvajes para la corrida de toros minoica que, como podemos saberlo por el palacio mismo, difería de todas las otras que el mundo ha visto justamente en el punto que Platón destaca: que no se usaban armas".

El joven Frost no vivió para ver su teoría reivindicada. Fue muerto en la Primera Guerra Mundial.

Platón, parece, también ha sido reivindicado. Él no tenía idea de que estaba describiendo exactamente la civilización de la Creta minoica, porque en su época Creta se había convertido en un remanso, olvidadas ya sus glorias. Pero no habrían podido ser cabalmente apreciadas nunca si Platón no hubiese escrito su historia.

Los grandes enigmas del universo.  Rupert Furneaux.  (Javier Vergara Editor.)

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