lunes, 3 de enero de 2011

SATURNO y La piedra

Con la piedra Saturno

El distraído, tropezó .
El  violento, la utilizó como proyectil,
El emprendedor, construyó con ella.
El campesino, cansado, la utilizó de asiento.
David, mato a Goliat
Y Miguel Ángel, le sacó las más bellas de las esculturas

En todos los casos la diferencia no estuvo en la piedra, sino en el hombre.

Este es un buen decir para comenzar a pensar a Saturno, el Señor del Tiempo, los límites, la estructura y a criterio de los seres humanos quien pone piedras  (o dificultades y limitaciones) en el camino.

Claro que el arquetipo Saturno, la energía cósmica real, no la tiene contra nosotros ni se entretiene en dificultarnos el paso, simplemente cumple su función tanto en el orden universal como en la vida individual de propulsar hacia la superación, la construcción sobre lo real, la concreción eficaz, la justa medida y lo “correcto”, es decir aquello que debe ser como debe ser más allá de toda opinión (parcial) personal.

En general Saturno tiene mala fama y esto es comprensible si vemos su mito

“Bajo el dominio de Urano se produce el primer choque de las fuerzas antagónicas. Entre los hijos que le dio Gea se encuentran los hecatónquiros y los cíclopes, a los que Urano inmediatamente lanza al Tártaro. Por esta razón, Gea incita a los titanes a enfrentarse a él. De Gea procede Hipe la Adamante, a la que entregará a Crono, el único de los titanes que está dispuesto a atentar contra su padre. La acción se lleva a cabo mediante una emboscada cuando Urano se une a Gea en un abrazo durante los esponsales a los que éste, ávido de amor, ha descendido. El terrible acontecimiento implica, al mismo tiempo, un instante de máxima fertilidad. De la sangre que se precipita como un torrente sobre la tierra brotan los gigantes y las erinias. El mar al que Crono lanza el miembro procreador castrado empieza a bullir y a encresparse, como un torbellino se forma una corona de espuma blanca alrededor del mismo y de éste surge con húmeda hermosura la hija de Urano, Afrodita Afrogeneia, la nacida de la espuma. Inafectada por la lucha, en la que no toma parte, sale silenciosa del mar, se acerca a Citera y en Chipre sube a tierra..”. (Friedich Georg Jünger- Los mitos griegos)

Saturno, hijo dilecto de la Gran Madre Engendradora, irrumpe en la creatividad atemporal de Urano, trazando un límite del cual nace “vida”. La intensidad de las emociones representadas por las Erinias (furias y justicieras) y por Afrodita (la sensualidad y el erotismo que invita a la procreación y al gozo), son las que permiten tomar forma a lo creado, brindarle un espacio tiempo determinado, un marco, que nos permite a nosotros, simples mortales comprender y aprender.

Este hijo de madre que se enfrenta al padre para dar origen a los ciclos fijos, más tarde se verá derrotado por su propio hijo (Zeus) que insertará el movimiento y el cambio en nuevas esferas de la conciencia, pero ese es otro tema.

Saturno representa entonces: El tiempo, la larga duración, los retrasos e impedimentos, los fracasos, la pobreza, las desgracias, la muerte, la oscuridad, la rutina, la administración; la soledad, el sistema, los objetos pesados, las minas, el plomo, las personas mayores, la vejez, los antepasados y los abuelos, el padre, los enemigos tenaces; las cosas y personas austeras, solitarias, aisladas, viejas, oscuras, destartaladas, sórdidas, horrorosas; las ruinas, subterráneos, cárceles, cementerios, cosas viejas; los sabios viajes; las cosas fatales; la mala suerte. También los límites, la justa medida, la estructura que sostiene y por ende el sostén formal. La madurez, el realismo y la realidad. Lo concreto, sólido, duro, resistente, y los ciclos constantes.

Es el Principio de: Concreción, solidez, estabilidad, cristalización, materialización, contracción, inercia y rigidez, pesadez, lentitud.

Sin Saturno perduraríamos en el libre movimiento Uraniano más cercano al caos y a lo increado que a lo gestante y fecundo; y entonces ¡no seríamos!

Claro que no es igual mirarlo desde el punto de vista cósmico o arquetípico que desde la vivencia individual, pues fácil es en lo primero considerarlo necesario como lo es en lo segundo juzgarlo fastidioso. Y es que es una energía que pone empeño en trabarnos el paso para enseñarnos a andar. Rompe lo que construimos sobre frágiles y muchas veces fantaseados cimientos, frena la carrera alocada e inconsciente, obstruye la llegada de resultados imposibles, presiona hasta que adquirimos disciplina y persistencia, y de tanto en tanto nos conduce al reino de la soledad y el silencio a ver si logramos acallar tanto ruido inútil que nos impide “oír nuestra interioridad” y logramos siquiera vislumbrar quienes somos realmente.

Es natural que muchos de nosotros amantes de la creatividad ilimitada, del gozo constante, de la facilidad y la libertad, pensemos que este dios es sumamente fastidioso, y le hagamos responsable del Karma, la desgracia, nuestros miedos más resistentes y de todas las dificultades que hallamos en el camino. Y es por eso que regresando al comienzo, bien vale la pena comprender que la piedra es tan solo materia sobre la que cada alma elige qué trazar.

Del mismo modo que le brutal cato de castración puso limite al espacio engendrando simultáneamente un nuevo orden, podemos preguntarnos: ¿qué nuevo orden conquistamos gracias a la hoz de nuestro propio Saturno?

¡En lo personal le estoy muy agradecida!

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