jueves, 14 de octubre de 2010

SATURNO, SEÑOR DEL TIEMPO Y DEL DESTINO

Saturno Señor de los días y las horas

Los dioses de la Mitología, tal como los planetas en la Astrología, representan fuerzas y principios vivos en el Universo y en las vidas de cada uno de nosotros.

MITOLOGÍA, ASTROLOGÍA, PSICOLOGÍA
Joseph Campbell escribía: Los dioses de la Mitología, tal como los planetas en la Astrología, representan fuerzas y principios vivos en el universo y en las vidas de cada uno de nosotros. La Astrología es el lenguaje de la energía más vasto y al tiempo el más preciso que el hombre conoce. Se la puede considerar como una Mitología utilizable conscientemente. Como un medio para volver a unir al hombre con su yo recóndito, con la Naturaleza y con el proceso evolutivo del Universo.

Jung demostró que los agentes primarios de la psique individual y las pautas psicológicas de culturas enteras son manifestaciones de factores arquetípicos de la psique humana. La Mitología destaca las manifestaciones culturales de los arquetipos esenciales mismos como su lenguaje individual y cultural. Llegamos a la conclusión de que la Astrología puede considerarse como la estructura mitológica más vasta puesto que consiste en configuraciones simbólicas del inconsciente colectivo; los "planetas" son los dioses, símbolos de los poderes del inconsciente. Según Jung, la astrología abarca la suma total de todo el conocimiento psicológico antiguo, incluida la predisposición de los individuos y el modo exacto de regular las crisis de la vida.

Los mitos (en clave psicológica), como representación simbólica de los valores del inconsciente colectivo (arquetipos) de la Humanidad, nos ayudan a orientarnos en los misterios del alma humana, ya que representan muy bien las experiencias psíquicas del hombre, el esqueleto de la vida subjetiva. Las sutiles paradojas contenidas en este rico sistema de símbolos nos pueden orientar, como Ariadna en el laberinto de la vida.

SATURNO EN LAS PRUEBAS

Dios quiso en su bondad que los obstáculos para aguzar a las armas nos sirviesen;

quiso que el imposible

estuviera no más para vencerle,

como está la barrera en los hipódromos,

a fin de que la salten los corceles.

(Amado Nervo)

Saturno, Señor del Karma, representa el mayor problema kármico en la vida de todo individuo. La posición y aspectos de Saturno revelan dónde nos encontramos con nuestras pruebas más específicas y concentradas y dónde nuestro Karma difícil entra en su foco más específico. Saturno se refiere a la naturaleza fundamental de la persona, a la pureza de nuestro yo verdadero. Se experimenta como un acto desafiante del destino, a fin de que empecemos a prestar atención a las necesidades de nuestra fundamental naturaleza interior. Es el talón de Aquiles en la armadura que usamos ante el mundo. También la ambición de concretar las posibilidades inherentes al nacimiento. Saturno representa aquellas áreas de la vida en las que el individuo podrá ver frustrada su expresividad y donde encontrará mayores dificultades. En muchos casos parece estar relacionado con las circunstancias dolorosas que, a primera vista, no han sido causadas por ningún fallo o debilidad por parte de la persona, sino que sencillamente suceden. Pero enseñanzas más antiguas lo denominan El Dueño del Umbral, el guardián de las llaves a través del cual (y sólo a través de él) podemos obtener la libertad mediante la comprensión de nosotros mismos.

Por todo ello, Saturno representa la experiencia y la instrucción concentradas que sólo llegan a través de la vida en el plano material. Se trata de desarrollar un mayor nivel de entendimiento concentrado y mayor paciencia en nuestra actitud hacia la vida. Saturno nos muestra el valor del trabajo. Su presión es un impulso útil para desarrollarlos en un nivel profundo. De ahí que el calor y la presión de Saturno son necesarios a fin de que podamos desarrollar lo que los budistas llamaban el "alma de diamante" o el "cuerpo de diamante", nuestra naturaleza fundamental, recóndita pero si se expresa sólo Saturno tendremos rigidez y muerte. Por eso no sólo necesitamos esfuerzo (Saturno), sino también Fe (Júpiter/Neptuno) y Mística, para salir vencedores en las pruebas de la vida.

El símbolo de Saturno en el mapa natal indica dónde estamos demasiado apegados y somos rígidamente egocéntricos. Simboliza un punto de gran sensibilidad, donde nos afligen sentimientos de inferioridad, timidez u opresión. En ese ámbito carecemos de confianza y, aun así, podemos desarrollarla lentamente, sobre la base del conocimiento de cuáles son nuestras capacidades reales, como lo demuestra el proceso de prueba del tiempo, el trabajo y la experiencia. Entonces, los que eran talentos potenciales, serán hechos comprobados y podemos desarrollar, a través de la presión de Saturno, una notable fuerza interior. La misma configuración que denota falta de confianza, podría indicar una confianza particularmente sólida inconmovible en años posteriores. Todo depende de si aceptamos el desafío de Saturno, presente siempre en nuestras vidas. Así, el deber y la responsabilidad serán el dique que mantenga a la mente controlada. Por todo ello experimentaremos específicos deberes y responsabilidades kármicos que nos servirán de ayuda para que disciplinemos mente y deseos. La frustración vuelve a la persona sobre sí misma y le da la oportunidad para que desarrolle una fuerza interior rastreando en sus recursos más profundos. Saturno es el gran maestro acerca de las realidades prácticas y las leyes de la tierra. Enseña paciencia, moderación, templanza, deber y trabajo. Nos muestra lenta pero seguramente cuál es la realidad del mundo material que nos pone a prueba a cada paso.

Saturno no da cabida al autoengaño, al escapismo ni a la racionalización. Comprueba nuestro crecimiento espiritual y nuestra conciencia. Serán las experiencias las que constatarán nuestra fuerza interior. Algo así como: ahora que las cosas andan mal, ¿nuestra espiritualidad, y nuestro supuesto autoconocimiento, nos facultan para que afrontemos este Karma con gracia, aceptación y paciencia?

Saturno es el maestro arquetípico, cuyas lecciones tienen gran peso e importancia. No representa únicamente el dolor, la restricción y la disciplina, sino que también es un símbolo de procesos psíquicos gracias a los cuales el individuo puede aprovechar sus experiencias de dolor, restricción y disciplina para obtener una mayor conciencia y plenitud. Las experiencias frustrantes y relacionadas con Saturno son obviamente tan necesarias como educativas en un sentido práctico y psicológico. Los seres humanos únicamente somos realmente libres a través del propio descubrimiento y éste no se produce hasta que las cosas se ponen tan feas que no hay otra salida. El proceso psíquico simbolizado por Saturno parece estar relacionado con la realización de la experiencia interna de plenitud del individuo. Saturno representa el valor educativo del dolor y la diferencia existente entre los valores externos y los internos.

Únicamente se puede alcanzar la libertad aprendiendo más de nosotros mismos y comprendiendo la influencia de las experiencias que vivimos, para el desarrollo de la totalidad del yo. No hay nada como la frustración, el regalo de Saturno, para iniciar al hombre a realizar este tipo de exploración. Esa entidad misteriosa y evasiva que denominamos el ser no ha aparecido todavía entre los símbolos del horóscopo, pero puede ser invocado en cualquier momento de la vida para que la personalidad y la carta adquieran una significación nueva y más completa. Saturno es la clave de dicha invocación del ser, con todo su potencial de transformación. Saturno es el planeta del discípulo, de alguien que está aprendiendo. Sólo es enemigo para el que no comprende su mensaje, y que en consecuencia no aprovecha sus lecciones y oportunidades.

La materia prima (el plomo) de la Alquimia, en la que podía encontrarse oro, se llamaba Saturno. Será el trabajo constante de transmutación de esa misma materia el que nos premiará con el oro. Sólo podrá encontrar a Mercurius (Hermes Trimegisto, el mistagogo por excelencia), practicando el rito de la ascensio y la descensio, la destillatio circulatoria, que comienza por el plomo negro, en la oscuridad, en el frío de Saturno, y remonta hasta el Sol ígneo, donde el oro arde en el mayor de los fuegos, liberándose de todo impureza. Retorna finalmente a Saturno, donde esta vez sí encuentra a Hermes, de quien recibe útiles enseñanzas. Saturno ha pasado así, de ser un astro de la desgracia, a ser la casa de la sabiduría. Saturno es la llave de la obra de la transmutación; feliz es aquel que puede saludar a este planeta por su nombre correcto. Ciertamente, todo lo que hacemos en la Tierra tiene su eco en la eternidad, y tarde o temprano vuelve a nosotros, como un hijo a los brazos de su padre.

Una vieja enseñanza egipcia dice que para nacer de nuevo hay que purificarse de los tormentos irracionales de la materia. La ignorancia es el primero, el segundo es el pesar, el tercero es la incontinencia, el cuarto es el deseo, el quinto es la injusticia, el sexto es la codicia, el séptimo es el engaño, el octavo es la envidia, el noveno es el fraude, el décimo es la ira, el undécimo es la impetuosidad, el duodécimo es el vicio.

MOIRA
Moira es el destino, como conjunto de Divinidades o Potencias naturales a él asociado. Heimarmene (el negativo de Moira) es como un fino hilo que discurre a través de la totalidad de la existencia. Para Hesíodo, el Destino es el guardián de la justicia y de la ley. Este guardián ha fijado los límites del orden elemental original en el que cada hombre debe vivir, e impone el castigo a cualquier trasgresión. Las Nornas, que viven en el Inframundo, son personificaciones del Destino, como Cloto, Laquesis y Atropos. La forma definida de nuestro destino, la línea que lo circunda, la labor que nos han asignado los dioses, la parte de gloria que nos conceden y los límites que no podamos rebasar. Moira es todo eso. Los hijas de Nix, la diosa de la noche, o Era, la madre de la Tierra, son llamadas Moiras, Erinias, Nornas, Grayos, Hécate de triple rostro, Artemisa-Hécate, Señora de los caminos de la noche, del destino y del mundo de los muertos.

El tejido de la creación telúrica se convierte en el tejido el destino, y el hilo es el portador del destino humano. Eileithya, la comadrona, la hilandera, se convierte en la Gran Moira, tan antigua como el mismo Cronos. El telar, portador de la suprema ley de la creación, inscrita en las estrellas, fue asignado a las deidades uranianas, y la vida humana y el cosmos en su totalidad pasó a ser considerado como el gran telar del destino. En las oscuras profundidades Ogygianas de la tierra, hilan todas las vidas y las envían hacia arriba, hacia la luz del sol, y en la muerte volvemos a ella. Toda vida termina pagando su deuda con la Naturaleza, es decir con la Madre. De este modo las Erinias, como la tierra a la que pertenecen, gobiernan sobre la vida y sobre la muerte, y ambas, vida y muerte, forman parte de la materia, del ser telúrico. El misterio primordial de hilar y tejer ha sido proyectado sobre la Gran Madre, que hila el hilo de la vida y teje el tejido del destino.

Moira es más fuerte que los deseos y decisiones del ego, más fuerte que las razones de intelecto, más fuerte de los deberes y que las buenas intenciones, más fuerte aún que la propia fe. Para Platón, estaba entronizada en el centro del Universo, con el huso cósmico en sus rodillas, y sus hijas, reflejos diferenciadores de su propio rostro, guardaban las fronteras de la ley natural y castigaban a los transgresores con profundos sentimientos. A Moira se la conoce en la depresión, en la desesperación, en la impotencia y en la muerte; cuando la persona toma conciencia de la fuerza, del poder impersonal superior que guía nuestro camino, más allá de nuestros deseos. Su secreto es aquello que guía y sostiene al individuo cuando éste ya no encuentra soporte en sí mismo, y es también lo que asegura su propio patrón único de desarrollo.

El filósofo neoplatónico Marsilio Ficino aconsejaba recordar y no olvidar que: La fuerza del destino no afecta a la mente, a menos que ésta se halle sumergida previamente en el cuerpo, que sí está sometido al destino... para que el destino pueda descargar su fuerza sobre el cuerpo sin tocar el alma, el espíritu debe alejarse de la carga que supone el cuerpo y centrarse en la mente.

SÍNTESIS FINAL
Dentro de los límites del tiempo, el destino y la materia, está nuestra alma encantada y prisionera. Ella ha tejido con sus acciones, en el telar de la vida, su destino, su moira, su Karma. Y será éste, a través del tiempo, el que nos traerá, en el orden oportuno, las experiencias necesarias para nuestro aprendizaje. Él nos enseña, día a día, que no hay victoria sin lucha, esfuerzo y sacrificios.

A través suyo recogemos experiencias múltiples que irán insertándose como cuentas de collar, en el hilo del destino y en nuestra conciencia, recogiendo de todas ellas lo mejor, las semillas de oro. Gracias a Saturno, y a todo lo experimentado en el tiempo, lograremos plasmar, más allá de las pruebas, en una acción constante y fiel, nuestra verdadera identidad.

Dionisos, el niño de oro de la divina estirpe de Jove, nace o despierta en cada hombre que logró pasar las pruebas de Saturno, conociéndose y venciéndose íntegramente a sí mismo. Logrando la victoria, gracias a las llaves que le otorgan los secretos y misterios de Hermes o la Sabiduría. Más allá de la adversidad y el dolor, Dionisos siempre ríe desde un corazón que se sabe inmortal.

Dolores Villegas
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4 comentarios:

  1. Hola!! Encontré este blog por el otro, el de los cuentos. Ambos son GENIALES.
    Muy buena la información de los dos.
    Soy tu seguidora ^ - ^.
    Muchos saludos y seguí posteando!!!
    :D
    --

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  2. Muchas Gracias Diana!!
    Espero poder seguir aportandote y aportando pequeñas puertitas hacia una mirada cada día más limpia, tolerante y lúcida.
    Cariños
    Anuk

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