sábado, 22 de agosto de 2009

ESTRUCTURA FUNDANTE

El Caos 

Todo lo que es, lo es, para nuestras posibilidades perceptivas. Y lo es en cierto plano, contexto y espacio (incluso muchas veces otro factor ingresa determinando también un parámetro: el tiempo), poseyendo al mismo tiempo una forma específica o inespecífica por medio de la cuál lo reconocemos y validamos.

Aquello que no es ni percibido, ni reconocido no existe para nosotros.

Por ejemplo si tomamos el caso de una manzana podemos decir que es porque la vemos (plano material-físico), porque la pensamos (plano mental), porque leemos el término e inmediatamente lo asociamos a alguna experiencia personal en que la hayamos visto, comido, etc., es decir rememoramos (plano emocional). A su vez cuando hablamos de Manzana según cómo usemos el término sabemos que nos estamos refiriendo a una “fruta” (“quiero una manzana”: contexto); si en cambio dijéramos “Rozagante como una manzana” estaríamos estableciendo una asociación simbólica en un contexto distinto.

Ahora bien: dicha fruta existe indefectiblemente en el espacio, pero en realidad deberíamos decir en “Los Espacios”, pues no sólo existe en el sitio donde crece, y/o en el espacio que ocupa su propio volumen; sino en esos otros espacios como por ejemplo el representativo (al que me acabo de referir) en nuestra interioridad (espacio de la propia experiencia), o en el que cada cultura le otorga como “valor”. Por seguir con el ejemplo, a la manzana, cada cultura le ha otorgado (y le otorga) distintos valores: un valor religioso: la manzana del pecado; o las sagradas manzanas del jardín de las Hespérides; un valor nutritivo (alimenticio), etc., y esto es otro espacio que ella ocupa.

¿Por qué planteo todo esto? Porque la comprensión del Espacio, el Tiempo, y los simbolismos y significados que de ellos se derivan constituyen, independientemente que lo sepamos o no, una estructura en la que estamos insertos y con la que participamos al mismo tiempo que sostenidos en ella construimos nuestros paradigmas.

Los lenguajes simbólicos se sustentan sobre esta estructura y es por ella que adquieren profundidad y validez. Nuestra vida cotidiana cuando se inserta en una conciencia plena de esta estructura, se enriquece permitiéndonos una percepción más compleja y rica de la experiencia.

Intentaré definir con claridad dicha estructura.

En los tiempos prehistóricos, lo primero que observaron los hombres fue lo que los rodeaba, la tierra que los sostenía y el cielo que los cubría. Es decir que el ESPACIO indudablemente fue lo que en un principio les llamó la atención, del mismo modo que se la llama a un bebé recién nacido, o a cualquiera de nosotros cuando llegamos a un sitio desconocido. Por los datos que nos han ido llegando (y por deducción lógica) podemos suponer con bastante acierto que de esta observación descubrieron que:

· Todo Conformaba una UNIDAD. Un sistema complejo en el cuál los seres humanos somos una parte de un todo mayor, por lo que se vieron impulsados a respetar y considerar ese todo que los contenía y trascendía. Fue tiempo más tarde cuando con los cambios del psiquismo a ese Todo le llamaron Divinidad (Cualquiera fuese el nombre con que se la denominase)

· Dos parámetros básicos constituían la primera realidad: Espacio (incluyendo el propio espacio físico o cuerpo) y Tiempo (pues todo poseía una duración y a la vez la duración implicaba un proceso).

Vale aclarar que si bien todas las culturas comprendieron la importancia de estos dos parámetros, no todas los decodificaron del mismo modo (incluso actualmente nosotros tenemos una percepción de ambos muy distinta a la que tuvieron por ejemplo los Hopis). Al Tiempo y el Espacio los consideramos dos coordenadas que nos permiten situar personas, sucesos, objetos, etc, como si fuesen dos cosas distintas que en su intersección demarcan un determinado sector de la totalidad, y esto es así por cierto para nuestra percepción educada, sin embargo no es real, ya que el tiempo es una dirección del espacio y no algo aparte de él. Cuando veamos el tema del tiempo profundizaremos en esto.

· Observaron que a toda acción seguía una reacción o efecto (complementario; antagónico, opuesto...). Percibiendo asimismo dos modalidades del movimiento y dos expresiones básicas de todo (por básicas me refiero a los extremos independientemente de los muchos matices intermedios). Profundizaremos en esto cuando veamos polaridad, pero en principio a estas dos modalidades, tiempo más tarde, se las denominaron: POSITIVA (o Masculino, Activo) y NEGATIVA (o Femenino, pasiva).

Es decir que discriminaron la diferencia entre una modalidad “centrífuga” , del interior hacia el exterior, penetrante y visiblemente activa (como por ejemplo los rayos solares penetrando la tierra y produciendo efectos; las flechas; el hacer humano sobre la materia (acción modificadora), la penetración sexual; y otra opuesta “centrípeta” del exterior hacia el interior, que la complementaba: receptiva, pasiva (en cuanto receptora del movimiento cuya acción es en realidad reacción, o hacer latente e invisible) generadora, (como la tierra abierta a la penetración fecundante). Estas dos manifestaciones constituyen lo que hoy conocemos con el nombre de Dualidad o Polaridad. Esta dualidad no fue percibida como polaridad desde el comienzo, recién con Platón (427-347aC) aparece la polaridad (en este caso cuerpo físico y alma) como antagónica o distinta.

El tiempo no es un continuo inmutable. El primer aspecto que es perceptible de él es que constituye un proceso de cambio continuo (o secuenciado). Pronto percibieron los ancestros (y cualquiera que observe) que todo en la naturaleza tiene como mínimo, tres tiempos o pasos bien marcados y definidos: INICIO, MANTENIMIENTO Y FIN. Lo que determina la existencia de un RITMO (que a su vez define un Proceso)

La siguiente observación fue que todo proceso se experimentaba en “algo”. Es decir en alguno de los distintos reinos u órdenes de la realidad: plano material (o físico), plano emocional (o acuoso), plano mental (aéreo) y plano espiritual o vital. (Fuego). Esta CUATERNIDAD podía ser experimentada en diversos órdenes: los cuatro puntos cardinales básicos, las cuatro estaciones, las cuatro edades humanas, los cuatro componentes de todo: oxígeno, helio, hidrógeno y carbono, más un quinto elemento intangible e indefinible al que cada cultura puso un nombre: Chi, Éter, Prana, etc

Estos principios son estructurales porque hablan de la base o fundamento sobre la que todo es, se construye y se manifiesta. No existe nada (por lo menos en cuanto a la realidad que nosotros somos capaces de percibir) que no implique un espacio, la presencia de la dualidad, del ritmo y de los elementos, y que no esté inscripta en un tiempo.

En el caso de la astrología, que es el arte de interpretar los símbolos celestes y traducirlos a la vida humana y terrestre, a partir de la comprensión de la frase "COMO ES ARRIBA ES ABAJO", (el sistema de interpretación se basa en la observación de las analogías de los hechos terrestres con las leyes celestes); esta Estructura: Polaridad – Ritmo- Elementaridad, contenida en una UNIDAD, es la base y el sostén fundamental. Por ello vamos a ir paso a paso profundizando en ellas.

(Continuará)

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Hola a tod@s!
Vuestros comentarios son bienvenidos.
¡Les invito a visitar mi otro blog